De vez en cuando siento qué hasta el más frio de los mortales necesita de alguien con quien hablar, un compañero para tomar café y conversar de filosofía. Alguien en quien recargar la cabeza, con quien compartir un aburrido domingo, alguien en quien confiar.
Sería increíble saber que no soy la única que prefiere un pijama y la buena compañía antes que los tacones y las discotecas.
Pero con esto también descubro que las personas necesitamos de otras personas cuando más miserables nos sentimos. Me doy cuenta en mi misma, ahora que arrastro mi cansancio hasta el domingo, en este momento dando el último grito huérfano de padre, diciendo un nunca que esconde un ojala.
Ya me han dicho que no me aflija, que soy muy joven, que me divierta sin preocupaciones. Juro que intenté hacerlo y no me sentí yo. Y no es que me aflija es solo que no puedo dejar de pensar en lo tonto que es todo esto. El no sentirse completo. Quizás si realizado, eso solo depende de uno mismo, pero aun no eh conocido a alguien que me diga que no necesita otra persona para al menos charlar ¡Y los mudos! Tener a alguien a quien mirar, los ciegos ¿Porqué no nombrarlos? Alguien a quien tocar e imaginar.
Podría ser apasionante, pero no deja de parecerme irónico. Nacemos solos, la mayoría de cosas que nos sirven en la vida las aprendemos solos. Por lo menos yo crecí con pocos o ningún amigo; soy de las personas a las que se le hace difícil soportar más de una hora sentada al costado de su madre; pero no es su culpa, la amo, es solo que me es casi imposible soportar a las personas, por más agradables que estas sean, simplemente no puedo.
Pero ahora debo admitir, tragándome el orgullo, que en ocasiones necesito a alguien. Así es, yo que siempre digo no ser como todo el mundo, me hace falta alguien en algunos momentos así como le pasa a todo el que conocí.
Esa persona que me hace falta sigue siendo misteriosa para mí, quizás ni siquiera exista o podría estar más cerca de lo que sospecho, no lo sé.
Si existiría me gustaría contarle que me leen en Arabia Saudita, Rusia y Corea del sur; me gustaría que pudiera comprarme una pastilla para el dolor o que me pregunte porque estoy tan delgada. Pero lo que más me gustaría es poder compartir, no tener que estar sola siempre, guardármelo todo y cargar con todo el peso de mi silencio.
Sé que es muy pronto para meditar sobre esta persona, como también puede que la conozca mañana y no esté preparada; pero realmente creo que no debería pensar en ello, es solo que hoy eh tenido ganas de escribirle y de contarle que hasta antes de saber quién era, ya sabía de su existencia y lo añoraba con infinito cariño y gratitud, porque sé que cuando aparezca me prestará su hombro para recostarme y cuando esté triste lo sabrá solo con mirarme. Sobrarán las palabras, tal y como lo prefiero.
En ocasiones me pongo a pensar en lo que un día me dijeron, eso de que no es necesario caminar contra la multitud, que podría caminar a su lado sin mezclarme. Qué no estaría sola, que habría una mano para mí. Me gustaría guardar ese momento como una fotografía, para no sentirme sola nunca, para sentirme fuerte.
Quisiera despertar toda despeinada y saber que para alguien así soy linda. Quisiera un día decir que encontré el queso para mis macarrones y la mantequilla para mi pan.
¡Qué no quisiera! No me alcanzaría la vida para escribir mis deseos, pero en este momento, lo que más quisiera es ser real, yo misma, en toda mi verdad.